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Los orígenes del vino son muy antiguos. La primera cosecha data de la Edad de Bronce y se sitúa en tierras de Mesopotamia. Desde allí se trasladó a Egipto, en torno al año 3.000 a.C., donde el cultivo de la vid alcanzó tanta notoriedad que fue representado en los grabados de algunas pirámides, y ya en aquel entonces, se concedió más valor al vino añejo, guardado en ánforas, que al nuevo.

 

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Un buen restaurante ha de preocuparse por componer una carta completa, que incluya interesantes ofertas gastronómicas, pero también vinícolas. Así pues, es preciso recalcar la importancia de las bebidas que acompañarán a los menús, porque los clientes, sean o no expertos en vino, desearán aquellas que mejor se ajusten, en cuanto a combinación de sabores y texturas, a los platos que les sirvan, y que, asimismo, produzcan en su paladar la impresión más agradable y duradera. A la hora de elegir qué vinos formarán parte de la carta resulta recomendable tomar en

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consideración el perfil de los comensales, las regiones vinícolas más cercanas, la armonía con el resto de productos y el diseño del negocio, así como el almacén del que se dispone para albergar el surtido de bebidas. De igual modo, una plantilla de camareros bien formada en estos asuntos reforzará la imagen del local. En el mismo sentido, la figura del sumiller adquiere cada vez más trascendencia, puesto que, como especialista en la materia, se ocupará del abastecimiento de la bodega del restaurante y sabrá mejor que nadie qué aconsejar a los comensales según sus necesidades y gustos.

Diversos estudios de la universidad de Valencia han revelado que los consumidores se sienten en general insatisfechos con la oferta de vinos de los restaurantes, y que, además, sus elecciones se ven fuertemente influidas por el contenido de la carta y las sugerencias del personal del establecimiento. Esto apunta a una conclusión evidente: el papel fundamental que desempeñan ambos en las preferencias de los clientes.Por tanto, la confección de la carta de vinos es de crucial importancia. La información con la que cuentan los comensales es cada vez mayor, y, por esa

razón, esperan también encontrar más datos específicos (como, por ejemplo, nombres del vino y la bodega, zona de procedencia, proceso de cultivo y elaboración, añada, denominación de origen y notas de cata).  Si bien es cierto que el vino es, quizás, la bebida alcohólica que se presta a mayor número de apreciaciones pretenciosas sobre su calidad, constituye también el complemento ideal a una comida, en cuanto que ayudará a definir el impacto positivo o negativo de la misma. No en vano ha sido objeto, desde siempre, de una adoración casi mística. La Biblia se refiere a él como la «sangre de la uva», que, después de ser exprimida, fermentada y envasada, se convierte en una delicia cuyas particulares cualidades compaginarán mejor con carnes, pescados, pastas o ensaladas.

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La información concerniente a cada tipo de vino es tan amplia que podría dotar a la carta de las dimensiones de un volumen enciclopédico. Por esta razón, la mejor solución estriba en recurrir al soporte de los Smartphones y Tablets. En ellos, como ya hemos explicado en artículos anteriores   ( Las 7 ventajas de la carta digital)  puede presentarse de forma atractiva, innovadora y sencilla, una carta digital que recoja y estructure los menús.  Dado que reducir su número de páginas, supondría rebajar notablemente el interés de la carta, y además, obligaría a

prescindir de aquellos datos que son primordiales para los amantes del vino, la vía idónea a fin de satisfacer la curiosidad de los comensales y cubrir las necesidades del sector de la restauración, está al alcance de cualquier hostelero gracias a Entrecartas. En su aplicación para tablets existe cabida suficiente para editar, configurar y modificar una buena carta de vinos, que, indiscutiblemente, hará brillar a la vinoteca del restaurante.